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UNA DE ZORROS

   Si usted pregunta en Santa Lucía por qué les llaman zorros, es fácil que alguien, entre sonrisas irónicas, le contesta que «porque tienen mucho rabo». Otros marcarán las tintas en las cualidades del animal: «Es que son hombres muy astutos». Los versos conocidos, sin embargo, no concretaban razones, hablaban sólo de hechos:

Zorro

Cambie de noche o de día,
cambie cara, ropa o gorro,
siempre habrá en Santa Lucía
monte, carbón y zorro.

   La falta de razones motivó la curiosidad. Y de ésta, a la anécdota que parece definitiva.

   Perteneciente al duque de Rivas, Ángel de Saavedra, el conocido dramaturgo romántico, existió en la zona conocida como Valdeperales, un castillo-caserón con un buen rebaño. Es posible que algunos de los pueblos (poblados) desaparecidos -Villar de Frades, San Juan de la Casa, La Fayica y San Miguel- fuese el lugar de residencia de alguno de sus criados.

   Aunque no se puede asegurar que el duque hubiese estado allí nunca, hay quien afirma su presencia al menos una vez. Se basa en su estancia en León capital, donde, parece ser, contó con un nutrido grupo de seguidores románticos. Se habla, incluso, de que creó escuela.

   Quienes afirman su presencia en estas tierras, dicen que vino a conocer las propiedades que aquí tenía. Cuando el administrador le presentó las cuentas, peores que el año anterior, se excusó:

   -Señor duque, hemos perdido varias cabezas de ganado por culpa del zorro...

   Y dicen que el duque, lacónico, contestó:

   -Sí, del zorro de dos patas...

   Y dicen que desde entonces los habitantes de este pueblo se quedaron con el mote. Dicen también que los habitantes de los cuatro pueblos (poblados) referidos, especialmente vinculados con Santa Lucía, el resto también a medida que el tiempo hizo extenderse la anécdota, solían decir:

Los zorros de cuatro pies
son malos, que vive Dios.
Más malo, sin duda, es
el zorro que apoya en dos.

A todo esto ni quito ni pongo rey. Sólo sé que el lenguaje popular, tan rico e imprevisible, es como un laberinto. Nunca se sabe dónde están principio y final, realidad o ficción. Pero lo curioso es que sirvió en su momento y divierte ahora el acercamiento a su interpretación popular, a medio camino entre la fantasía y la creencia.

Extraído del artículo: "Motes colectivos en tierras de Gordón"
Publicado por Diario de León en 1992.

Autor: Alfonso García

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