Se acuña el término a partir del año 1955 a raiz de la publicación de la obra titulada “El historiador amateur” de la que es autor Michael Rix, quien desarrolla la relevancia de la conservación de estos testimonios heredados de la revolución industrial incidiendo en su valor histórico.
Dentro de la clasificación de “Patrimonio industrial” se engloban aquellos vestigios tangibles e intangible que han surgido alrededor de la industria. Si bien estos elementos atienden a diversos orígenes, unos determinados por la fuerza motriz (hidráulica, eólica, vapor, eléctrica, etc.) o por tipo o forma de producción: textiles, minería, ingenios, etc. Aquellos elementos que lo constituyen engloban desde los edificios a la maquinaria, molinos, minas, medios de transporte y toda su infraestructura, etc.
EL MOLINO RASTRERO
El molino es uno de los inventos que más aplicación práctica y repercusión social ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad. Los molinos movidos por agua dejan atrás a los manuales y a los de tracción animal, representando un gran acontecimiento social. Las caídas de agua aprovechando las pendientes de ríos o arroyos produce una gran fuerza superando, hasta aquel momento, a todas las conocidas. La potencia producida por las caídas de agua era mucho más enérgica y regular y por ello se ahorraba tiempo en las moliendas.
En la actualidad el único resto de esta tipología de patrimonio se ve expresada al referirnos a los restos de edificación de uno de los tres molinos que existieron en Santa Lucía en 1752, según el catastro del Marques de la Ensenada.
El molino que nos ocupa se levanta en el paraje conocido como “La Voiga” en término de la localidad de Santa Lucía, es de los denominados como “rastreros”, de pequeñas dimensiones, no superando el total de su construcción los 20 metros cuadrados y está edificado sobre el “Arroyo del Puerto” del que toma caudal por presa abierta para producir la caída del agua, debió de ser de una parada pues la avenida no es grande.
El edificio se construye o reconstruye en el primer cuarto del siglo XX, usando los materiales de otro arruinado, posiblemente del siglo XVIII, del que únicamente quedan sus cimientos y que se ubicaba a escasamente tres metros siguiendo el curso del arroyo. La construcción de tipo tradicional se eleva sobre un rectángulo cuyos cuatro parámetros son maestros alcanzando un espesor medio de unos cincuenta centímetros. Estos muros maestros, alcanzan la longitud de cinco metros lineales de frontis y tres de fondo y se realizan en mampostería de piedra caliza gris de la zona que va trabada con argamasa de cal y arena, usando pequeños sillares en las esquinas para trabar los parámetros y para la única ventana de que dispone que abre un hueco de setenta centímetros de altura por treinta de ancho. El rodesno se emplazaba en un hueco en el parámetro inferior cuyas dimensiones son noventa centímetros de altura por setenta de ancho. La cubierta original debió de hacerse con entramado de madera siendo reemplazada con posterioridad por la existente en la actualidad realizada con hormigón. El tejado vierte a dos aguas y en la actualidad carece de otra cubierta, la teja árabe que en su momento debió de cubrirlo ha desaparecido completamente al igual que la ventana, la puerta de acceso o el puente por el que se accedía al molino. Del acceso al molino rastrero no queda nada, ha desaparecido completamente, de él sólo se observan los arranques de lo que parece ser fue un pequeño puente que le proporcionaba acceso sobre el Arroyo del Puerto que le suministraba el agua. En la actualidad el edificio se encuentra absolutamente diáfano, no contiene mueble alguno de cuantos componían su adecuación tecnológica para el funcionamiento.
En general, estos molinos rastreros eran propiedad de varios vecinos o de todos en general, que lo usan por turno, encargándose alguno de ellos de hacer periódicamente un picado de las muelas, esto es, el perfilado de las estrías de las caras interiores de las piedras que muelen, para obtener la molturación y la adecuada expulsión de la harina hacia el farnal. Se componía de una mocheca o tolva por la que se vierte el grano para que descienda hacia la canaleja que se halla por debajo de la tolva. Dicha canaleja lleva adosado en un lateral el taravico, palitroque que se apoya sobre la muela superior. Al girar ésta, hace que el taravico mueva de izquierda a la derecha la canaleja, evitando que el grano que cae sobre el ojo de la muela se amontone, desahogando el espacio por donde se introduce el grano entre las dos muelas.
El giro de la muela superior, la única móvil, se produce por el movimiento circular que genera el rodesno, pieza metálica y circular con álabes sobre la que cae el agua desde la canal, haciendo posible el giro. Este movimiento de rotación se transmite a un eje vertical en el que se encaja el rodezno, que, a su vez, transmite la fuerza rotatoria al palón, que es una prolongación del eje, incrustada en una cruceta de hierro instalada en el ojo de la muela superior. Ello hace posible que gire la muela y la consiguiente molienda. La caída del grano en la muela se regulaba levantando o bajando la canaleja, del mismo modo que la obtención de un molturado más fino o más grueso se conseguía elevando ligeramente la muela superior mediante un husillo unido a la viga o puente sobre la que se apoya y gira el eje, situado en la parte inferior del molino, es decir, en el cárcavo.
PATRIMONIO EN EL RECUERDO
Traemos aquí a colación dos de los pozos, desaparecidos, el Amézola y el Balanza, que se encontraban en la zona de explotación denominada como “Capa Pastora”, en el término de Santa Lucía. De ellos pervive el recuerdo, algunas imágenes, y la documentación correspondiente debidamente custodiada en el “Archivo” de la Hullera Vasco Leonesa. Recientemente, con motivo de las Jornadas Culturales Municipales “Gordón en la mirada”, don Francisco Carrillo realizó las maquetas de dichos castillettes a fin de tributarles un merecido homenaje y recuerdo.
POZO AMÉZOLA
Este pozo debe su nombre al primer presidente de la sociedad Hullera Vasco Leonesa “José de Amézola y Viriga (1893-1908). Tenía tres plantas. El castillete alcanzaba una altura desde la base al eje de polea de 19 metros y el peso total de esta armadura rondaba las 42 toneladas. En el año 1965 se concluye la profundización de este pozo.
Maqueta
Fotografía 
POZO BALANZA
En el término Santa Lucía, la sociedad minera Hullera Vasco Leonesa, corriendo el año 1952, inicia la perforación del pozo denominado “Balanza” que se concluye dos años más tarde, en 1954, y entra en funcionamiento en el año 1959. La explotación estaba coronada en su acceso por un castillete, hoy desaparecido, que se realizó en los talleres que la propia empresa disponía en esta localidad. La estructura metálica del castillete ascendía a una altura de 19 metros, siendo el más bajo de todos los existentes.
Maqueta
Fotografía 1
Fotografía 2 