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Santa Lucía de Gordón

Escudo de armas (Heráldica)

Descripción del escudo:
            EN CAMPO DE AZUR, UN SEMBRADO DE LÁMPARAS DE ORO Y UN JEFE DE GULES CARGADO CON UN OJO DE PLATA. 

            Los diferentes pueblos siempre han necesitado, como expresión de su marcha en común, dotarse de simbología a fin de identificarse consigo mismos. Escudo Santa Lucía
            De forma análoga, a como es reconocida y diferenciada una localidad de otra por su nombre o distintivo verbal (topónimo), la simbología expresa el hecho de poder ser reconocida y diferenciada por los símbolos que usa (escudo de armas o bandera), que no son otra cosa que un distintivo gráfico.
            Este tipo de símbolos que están destinados a servir de identificación y diferenciación, tanto para los lugares como para sus gentes, presentan una vocación unitaria y deben, en consecuencia, estar por encima de las diversas opciones y proyectos políticos o ideológicos por afectar al común. Recogiendo siempre en sus representaciones la herencia del pasado, las vivencias del presente y los proyectos de futuro.
            Para el escudo de Santa Lucía de Gordón se ha observado, como cualidad principal, la sencillez en su composición, de modo que esta economía del número de elementos gráficos reduzcan el esfuerzo que el receptor tiene que realizar para obtener un mayor rendimiento comunicacional, abundando todo en beneficio de una mayor y mejor expresividad del conjunto, de su resultado estético y, sobre todo, de una mejor retención memorística a efectos de identificación.
            Nos sentimos obligados a comentar brevemente las justificaciones a las distintas figuras o piezas que componen las armas, pues estas suelen ser de variadísima índole y, por lo general, efímeras. Estas justificaciones, con el tiempo, suelen perder su virtualidad, pudiendo, incluso, dejar de ser recordadas, puesto que en ningún caso intervienen en los procesos de repetición e identificación del propio escudo de armas o de la bandera.
            El conjunto de las figuras, en general, tratan de evocar la perpetuidad del territorio, de su localidad y de sus gentes, representando la prudencia, la firmeza y la lucha de sus habitantes por la pervivencia.
            A tal efecto se ha elegido una “la lámpara minera”, en la pretensión que dentro de las figuras artificiales y más acertadamente entre las clasificadas como objetos usados en los oficios, en esta ocasión en el oficio minero, rememore a cuantos mineros son y han sido a lo largo del tiempo en esta localidad. En el campo del escudo, aparece esta figura, que se representa con un “sembrado”, es decir, aparece cargado de muchas piezas iguales.
            Queremos destacar aquí, su aspecto lumínico. Son los puntos de luz que irradian estas lámparas aquel en el que se fundamenta la elección de esta figura o pieza heráldica, evocando la multitud de nuestros paisanos cuando bajan a los pozos a arrancar el carbón.
            Este acto lo realizan siempre en un medio hostil, oscuro y ennegrecido y es más tarde, cuando este carbón se prenda, cuando retomará en su combustión aquella luz que a ellos les sirvió para arrancarlo de las entrañas de la tierra, al que debemos de sumar, como aporte de sus fatigas, la calidez o el calor del sudor de su esfuerzo.
            La segunda y la última de las piezas irá en “jefe” y en él se cargará un “ojo” de plata. Y es este ojo, como parte del cuerpo humano, el signo más evidente dentro de las figuras naturales. Es una de las figuras con las que se simboliza y se representa en la iconografía a Santa Lucía, nuestro topónimo poblacional.
            Todo va timbrado con la corona real cerrada, conforme a la vigente legislación y representando el Estado actual, una monarquía parlamentaria. 

Texto: Pío Cimadevilla Sánchez

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